Cada
vez que oigo el ruido de la puerta, mi corazón da un salto mortal,
porque todavía tengo un resquicio loco de esperanza de que seas tú. ¡Qué
locura! pero ¿quién podría vivir sin la locura?
El coche avanza por un camino de tierra ancho y amarillo, flanqueado por un ejército de cipreses en formación que te miran pasar silenciosos, con sus ramas apretadas de secretos. Si miras hacia atrás ves el polvo que levantan las ruedas arremolinarse junto a ellos, para posarse después en sus pies. La casa se alza en la cima de una colina, y desde allí, en lo alto, mira cómo se pasa la vida.
También me pasa a mí. Sobre todo cuando entra Gonzalo, que hace el mismo ruido que él.
ResponderEliminarY es horrible porque Gonzalo entra y sale mucho.