lunes, 26 de marzo de 2012

La luna horizontal y la nueva estrella

Durante los últimos años la ópera había entrado a formar parte de nuestras vidas. No sé explicar bien el motivo, fue despacito haciéndose un hueco en las conversaciones, en los CDs del coche, en el mp3...y empezó a acaparar todo. Nos acompañaba en los viajes, en casa durante las tardes invernales,  hasta en los paseos a los perros Luis ponía a la Callas o a la Caballé en su móvil.
El mes de mayo pasado fuimos a ver La Traviata y aquello fue el detonante de una nueva pasión, sobre todo para él, que luego me contagió irremediablemente.
Con la ópera pasa que cuanto más la oyes, más te gusta, incluso me atrevería a decir que para que guste hay que oírla mucho; al principio cuesta y cansa, pero llega un momento en el que es como si se encendiera una luz y después ya no se puede apagar. Una vez encendida te engancha y te hace prisionera.
Así, nos hizo prisioneros de su angustioso amor Violeta y Alfredo, o Susana y Fígaro de sus picardías.
Teníamos una nueva ilusión, ir algún día al Teatro Real a ver La Traviata.
El día que murió Luis me llamó la atención que había una luna muy rara. No sabría decir si era menguante o creciente pues estaba en horizontal. Parecía una media naranja partida en dos, pero rota como a la fuerza. Estaba desgarrada, descuajaringada. Solo se veía la parte de abajo. La de arriba, pensé, era su alma que había llegado ya al cielo; la de abajo era la mía que se había quedado aquí.
Hoy leo en el periódico un artículo comentando no sé qué ópera que han estrenado en el Teatro Real. Lo voy leyendo con interés, pero me invade una mezcla de envidia y rabia por no haber ido. No hemos podido ir. Y termino leyéndolo por encima.
 Sin embargo, creo que Luis sí estuvo allí; el periodista no lo sabe, pero yo sí.
 Él termina el artículo diciendo: ",,,salimos del Teatro Real y vemos el extraño cielo de 2012: la luna horizontal y esa nueva estrella inexplicable..."

martes, 20 de marzo de 2012

domingo, 18 de marzo de 2012

¡CÓMO QUIERO!


¡CÓMO QUIERO!

¡Cómo quiero decirte que te quiero!
¡cómo quiero quererte como digo!
¡cómo digo TE QUIERO  y no  me escuchas!
¡cómo quiero escuchar de ti TE QUIERO!

¡No te oigo, mi amor, y no te veo!
¡ya no siento tu piel, ni tus caricias!
¡no conozco tu voz, ni tú la mía!
¡ya no huelo tu amor, aunque me empeño!

¡Qué impotencia de verme encarcelada!
en este amor inútil, en tu nada,
en la ausencia total de tu mirada.

¡Cómo quiero que vengas y me lleves
contigo, de la mano y me acompañes,
 a tu sueño final  y a tu morada!







¿Dónde estás?


Aquí estoy, mi reina, para adorarte.
Aquí estoy, preciosa, para escribirte.
Aquí estoy, mi diosa, para rendirte
tributo por no estar sabiendo amarte.

Postrado ante tus pies, me desespero
al no encontrar la llave del deseo
que en brazos acunado de Morfeo
se oculta y se adormece por entero.

Perdóname, mi amor, por no entregarte
mis besos y caricias, por herirte
Perdóname, mi bien, por lastimarte

Ayúdame también a que primero
destierre mi torpeza, que no veo
el modo de mostrarte que TE QUIERO

miércoles, 14 de marzo de 2012

Creo que ya no iré nunca a Poggio Covili, ya no quiero. Lo que puede ser importante en la vida, deja de serlo en un momento.
 ¿Qué es importante? solo aquello que se pueda transportar al País de la Vida, o sea, el amor, ninguna otra cosa entra allí.

lunes, 12 de marzo de 2012

Nada está en su sitio

     Ya son más de la nueve y todavía no has llegado a casa. Luis está en fútbol, Gon en su cuarto, Ana ve la tele, Macarena trastea por la cocina y tía, ausente de nuestra desgracia, pregunta qué día es hoy, igual que ayer, igual que mañana... ya lo sabes. Los perros dormitan a mis pies. Todo está como siempre.
     Hoy he ido al oftalmólogo con Gonzalo, toda la tarde en el Puerta de Hierro, como tantas otras veces, pero hoy no tengo a quién contarle que la miopía ha aumentado poco, que le van a poner lentillas porque ya es mayor o que en la sala de espera hacía demasiado calor. Ya nadie comparte conmigo las pequeñas cosas de cada día; las grandes tampoco.
    Mañana se cumplen dos meses. No puedo explicar con palabras nada. La mente se me embota y el corazón lo siento como exprimido, amordazado, seco.
    Todo está como siempre y sin embargo, nada está en su sitio.

sábado, 3 de marzo de 2012

Un ciprés nuevo

La "mía casita de Monticchiello" ha sido abandonada. Un día felice, como cualquier otro, llamaron a la puerta a media mañana. El timbre sonó estridente y el alma vibró con la agudeza de las cuerdas desafinadas de un violín.
La Niña abrió la puerta con la decisión y la alegría de la recién estrenada madurez; a sus 19 años sabe ya más de la vida de lo que debiera.
La cara del guardia civil era fría e inexpresiva. No existe calor, ni expresión para comunicar algo así.
Sus palabras iban cayendo como piedras en un pozo de agua negra, se hundían sin hacer ruido. Yo creo que ese pozo no tiene fondo y las piedras bajan y bajan, con lentittud, como si en lugar de agua, fuera un líquido oleoso, espeso y denso, ¡chapapote! ¡eso es! es un pozo de chapapote. Lo que allí cae, desaparece engullido en la negrura pastosa del dolor.
Los gritos de la Niña se chocaban con las paredes de toda la casa, retumbaban y atraían al llanto que se me avalanzaba a la garganta produciendo una sensación que dificultaba la respiración, la aceleraba y la hacía jadear en jaculatorias, ¡Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme!
El guardia hablaba no sé de qué, me contaba la hora, el sitio, decía un teléfono, un lugar... mi cabeza no era capaz de entender nada, la sensación era como si la estuvieran barriendo y me producía un mareo vertiginoso, en el que se sucedían imágenes atropelladas: un beso, un café de desayuno como cualquier café, una Niña Chica en el cole ajena a todo, los Chicos que volverían con su moto, sus cuadernos, sus mochilas llenas de proyectos truncados, la Niña madura seguía gimiendo con la desesperación del pájaro herido que no puede alzar el vuelo, y otra vez el beso de la mañana, un beso eterno, que vuelve todos los días, aunque ahora sin cuerpo, sin roce y sin calor; frío y duro como la muerte, que se posó esa mañana del 13 enero en mis labios.
La casita de Monticchiello está ahora en silencio, muda de asombro, abandonada.
Sus cipreses me miran y se burlan. Todo el camino ha quedado polvoriento.
Sin embargo he plantado un nuevo ciprés en otro campo, todavía es pequeño y no sé si prenderá. A Luis le gusta. "Te queremos mucho, tu mujer y tus hijos", así se llama y lo pone en una cinta enrollada en su tallo.
Es un campo azul y verde. Con el cuidado de un Dios amoroso, Jesús estuvo en ese campo esa mañana porque tenía que recoger un alma grande. La cogió entre sus manos con la suavidad de una madre que acaricia a su niño recién nacido, la besó con todo el amor de un Dios y la alzó hacia el cielo con tanta ternura... Por eso en ese campo solo hay paz, la paz de una madre, la paz de un Dios.
http://www.youtube.com/watch?v=5nHq4HTKIHg