martes, 11 de febrero de 2014

La Virgen de Lourdes


El año 2002, cuando yo estaba en plena vorágine de niños, metida en casa todo el día, haciendo purés de verduras y papillas de frutas a todas horas, cambiando pañales, soltando sopapos a los mayores, despiojando cabezas a diario, con unos únicos temas de conversación interesantísimos: pokémons y sus transformaciones, dinosaurios, teletubbies...  sola hasta las 21:30 que llegaba Luis de trabajar y me solía encontrar con un desquiciamiento importante, que hacía que el pelo, este pelo de rata que me ha dado Dios, se me disparara a esas horas ya de forma estrepitosa; mis hijos le llaman a eso "el efecto llamarada de los pelos de mamá" (que es, por si alguien no lo sabe, uno de los poderes de algún pokémon), pues eso, cuando ya empezaba a dudar de si yo era realmente una mujer o una metamorfosis de "Chicorita" , me surgió una peregrinación a Lourdes. Mi tía, la que ahora está en la residencia, mi hermana Ana, Mayonis para los amigos, y yo, nos fuimos a Lourdes. Mayonis llevaba en su haber 4 abortos y mucha angustia y este era un buen momento para llevarle a la Virgen su situación. Yo lo tomé más como viaje de placer. ¡¡¡¡Me iba de casa unos días!!! no muchos, fueron 4, pero a mí me parecieron las mejores vacaciones de la historia. Allí se quedó Luis luchando con los purés, los piojos y los pokémons. Para colmo todos se pusieron malos y le tocó limpiar vómitos y vomitados. (algo así como a José Luis el de Fátima en su genial vídeo). Yo mientras en Lourdes saltaba de la cama al alba, bon jour, bon jour, entraba una camarera encantadora en la habitación del hotel y nos traía un "café o lé" humeante y delicioso, sin niños que te lo tiraran. El máximo de los placeres. Bueno, fue un viaje estupendo.
En aquella época Luis estaba bastante apartado de la religión, llevaba una época muy distanciado y frío, no iba a misa, hasta mi hijo Gonzalo llegó a decir: "es que los hombres no van a misa" jajajja ¡¡Qué mal ejemplo le estaba dando su padre!!
Recuerdo que le pedí a la Virgen mucho por él; esa fue mi mayor oración, la fe de mi marido.
¡Era el 2002! ¿cómo me iba a imaginar que le quedaban 10 años de vida? Yo no lo sabía, pero la Virgen sí.
Volvimos a casa un domingo.
El domingo siguiente, sin haber hablado nada, sin previo aviso, sin ningún motivo aparente, Luis me dijo:
- voy contigo a misa-.
- y eso? qué ha pasado?
No me supo explicar. Porque la Virgen hace las cosas pero no explica; yo creo que simplemente le cogió de una oreja y le dijo:
-hala, danzando-
Desde ese día Luis volvió al redil, ya nunca dejó de ir a misa ni de comulgar,  y dio buen ejemplo a sus hijos, que aprendieron que los hombres también van a misa.
Después he comprendido que la Virgen de Lourdes le tenía un cariño especial y le mimó hasta el último momento, y quiso ser ella la que le llevara en brazos al cielo y le abriera las puertas.
Y es que hoy, hace dos años del entierro de Luis. Estaba previsto para el día 4 de febrero, pero por causas completamente ajenas a nosotros, se trasladó al 11. ¡Qué casualidad! si existieran las casualidades, pero como no existen... Fue la Virgen de Lourdes la que se ocupó de trasladar la fecha a este día, pues tenía que ser Ella, ¡quería ser Ella! la que llevara con su amor el alma de mi marido, pues yo se lo pedí, sin saber bien lo que pedía, aquel año del 2002.

martes, 24 de septiembre de 2013

Hoy hace cuatro años, el 24 de septiembre de 2009, día de la Merced, fue el trasplante de Yrma, la hermana de Luis.

Nos gustó que fuera ese día, que se cambió en el último momento por causas de organización del hospital italiano, porque coincidía con la Virgen de Las Mercedes, Virgen muy querida sobre todo en la familia de mi suegro, pues así se llamaban su hermana y su madre. Nuestra Señora de la Merced estaría pues, allí, pendiente de todo, como no podía ser de otra manera.
 Ahora me doy cuenta de cuántas veces ha estado la Virgen pendiente de Luis.
Nos levantamos muy pronto para ir al hospital. La carretera a esas horas estaba cargada de coches, era un viernes, si no recuerdo mal, y la gente iba a sus trabajos indiferente a nuestro problema, a nuestro agobio, a nuestro miedo... Nos habían dicho que era sencillo, pero conllevaba un riesgo importante.
 Luis debería estar conectado a una máquina durante unas 3 o 4 horas que le sacaría sangre de un brazo, la cual entraría por el otro una vez pasada por la máquina que se llevaría no sé qué células, células madre, que después transfundirían, si es que se dice así, a Yrma. Para crear esas células madre y que la sangre estuviera bien cargadita de ellas, Luis había tenido que tomar durante una semana una medicina que forzaba su creación y que como consecuencia le producía dolores óseos y malestar general. Dolores y malestar que llevó admirablemente, sin apenas quejarse, porque tenía muy claro su papel de "donatore" y cómo gracias a él, su hermana se llenaría de vida.
Esa semana previa al trasplante en la que se estuvo pinchando la medicina, (como un yonqui, en el coche, en el cuarto de baño del restaurante, en la puerta de la "Galería de los Uffizi"...),  la disfrutamos como un segundo viaje de novios. Habíamos viajado a Italia, a la maravillosa Toscana, el 15 de septiembre. Dejamos a los niños al cuidado de mi tía, y a mí tía al cuidado de los niños... menos Ana, que se fue con mi hermano, los demás se quedaron en casa cuidándose mutuamente. Todo era perfecto, el tiempo, el paisaje, los museos, los pueblecitos, la gente; probablemente hayan sido los días más felices de mi vida. Disfrutamos de nuestro amor de una manera increíble. Era como un viaje de novios pero con el peso de 20 años de convivencia, de perfecto conocimiento uno del otro, de 20 años en los que el amor se había ido aposentando con solidez.
Íbamos camino del hospital nerviosos, temíamos que el tráfico nos hiciese llegar tarde, y eso unido a la intranquilidad que ya de por sí nos producía el trasplante, provocó que discutiéramos de forma un tanto desagradable. Recuerdo que llegué a decirle:

 - no tengo por qué acompañarte ¿entiendes? como si fueras tú el único que lo está pasando mal con todo esto!!!-
 ¡¡Pobre mío!! justo lo que necesitaba oir en un momento así, pero entonces yo me sentía una incomprendida por estar en un segundo plano, pues él era el importante, el bueno, el protagonista, il donatore  y yo no era más que la acompañante. ¡Vaya tonta! Gracias a Dios en cuanto aparcamos el coche y después de haber llorado como una niña mimada durante un rato, se nos pasaron los nervios y volvimos a abrazarnos como dos novios enamorados.
El hospital de Siena es destartalado y viejo. Los pasillos anchísimos están abarrotados de estudiantes, de médicos, de enfermos y enfermeras, es bastante caótico, y si a esto le añadimos que hablan italiano...¡entonces el lío está servido! Luis sabe dónde tiene que ir. Andamos deprisa y con el corazón a cien por hora. Ha llegado el momento, ya no hay marcha atrás. Le van a conectar a una máquina vampiro, pero cada gota de su sangre va a ser una gota de vida en el cuerpo marchito de su hermana.
Llegamos. Rápidamente le meten dentro. A mí no me dejan pasar. Me dicen que espere ahí que en cuanto le preparen podré entrar y acompañarle. Entonces me voy a buscar la capilla. No la encuentro. Por fin veo al fondo de un pasillo una imagen de La Milagrosa. Me pongo delante de ella pero no sé rezar nada. La miro, eso es todo. Vuelvo a la sala de espera. La angustia me devora. ¿Qué estará pasando dentro? No se oye nada, nadie sale a avisarme y ya ha pasado más de media hora, ¿qué pasa que no me llaman? No puedo preguntar porque soy incapaz de decir en italiano que soy la mujer del donatore, que hace ya mucho que se han llevado a mi marido, que me han dicho que me llamarían, pero que nadie me llama...
Decido rezar el rosario. Lo rezo mal, me salto Ave Marías, repito estrofas... ¡un desastre!
Por fin me llaman; me llevan a una sala en la que está Luis en una cama como crucificado: los brazos atados a los lados. Los tubos que salen de ellos están rojos, la sangre corre a sus anchas. Un médico nos habla en italiano perfecto, no entendemos ni papa.
-¿Tutto bene Luis?
- Tutto bene
Pero no es tutto bene, a Luis se le duermen los labios y la lengua y no sabemos explicarlo. Al cabo de una hora ya no puede más en esa postura, tiene la rabadilla hecha un cuatro. Los brazos también se le duermen y lo peor es que está desasosegadísimo. El tiempo no pasa. Yo no sé ya de qué hablar para distraerle. Es todo bastante angustioso. Mucho peor de lo que nos habían dicho. El pobre lo está pasando fatal. Quiere hacer pis. A ver cómo se lo decimos a la enfermera. Milagrosamente nos entiende. Vuelve con la botella esa y dice:
- hala la pipí
Pero la pipí no sale.
Es como de chiste, la pipí no quiere salir y la vejiga le revienta de dolor. Es una situación  absurda y humillante. La enfermera decide irse no vaya a ser que sea ella la que le corte el chorro. Pero no, no sale tampoco sin la enfermera.
No recuerdo bien si pasaron tres o cuatro horas. ¡Por fin hemos llegado al final! Le desconectan. Está mareado,  ¡pero hay que ir al cuarto de baño ya!!
En fin... después de unos minutos y de un pis larguísimo hemos terminado. Ahora toca reponerse, comer, dormir, reírse, abrazarnos, querernos...y tanto nos queremos que luego, una vez en casa, aunque él casi no puede moverse, hacemos el amor. Si después de eso yo me hubiera quedado embarazada, ese niño habría sido fruto del amor más puro y verdadero que pueda existir en la tierra.
Esa misma tarde le hacen el trasplante a Yrma. Todo sale bien. Todo es precioso. Luis pasa con su hermana un montón de rato. A mí no me dejan pasar, me quedo otra vez sola en la sala de espera. Ellos dos juntan sus vidas para siempre. Son como dos niños de esos que salen en las películas sellando un pacto con su sangre. Pero en este caso, de verdad, han sellado su pacto de amor, su pacto de vida y esperanza y han juntado su sangre eternamente.

Aún pasamos en Italia una semana más. Le tienen que hacer ecografías del bazo y del hígado, además de análisis y de comprobar que no hay ninguna consecuencia mala, aunque esta puede dar la cara durante todo un año después. Aprovechamos esos días a tope. Nos conocemos la Toscana al dedillo y decidimos que en un tiempo no muy lejano nos iremos a vivir ahí porque es lo que nos gusta. Es una ilusión que tenemos pendiente desde que se casó su hermana en el 2004, y ahora la vemos factible. En cuanto podamos la vamos a hacer realidad. Viviremos en San Quirico en esa casita de piedra; o tal vez en Montichiello en esa otra del ciprés. De momento volvemos a casa con el corazón esponjado y el amor brillante recién barnizado, pues no todos los días se presenta la oportunidad de hacer algo tan grande como ser donatore.

Han pasado cuatro meses, estamos en enero, y algo no va bien. Parece que hay rechazo.
En febrero los médicos italianos tiran la toalla, no hay nada que hacer. El rechazo es grave y la sangre de Luis ataca al cuerpo de Yrma sin misericordia.
La traen a España en un intento desesperado de seguir luchando.
Se hace un nuevo trasplante porque los médicos españoles incomprensiblemente así lo deciden.
Esta vez es en La Paz. Nada es tan bonito ni tan romántico como en Siena. Vamos para allá una mañana fría del mes de febrero. Cogemos un buen atasco por la M-30 y otra vez discutimos y nos peleamos en el coche. Está visto que los nervios nos traicionan de nuevo.
A medio día volvemos a casa, ha sido fácil, cuando está en juego la vida de tu hermana, dar un poco de sangre y marearse un rato no tiene mayor importancia.
El rechazo sigue y por si fuera poco la leucemia se vuelve a abrir camino. Es como una planta invasora, por más que la podes crece y crece y se come todo.
Estamos en agosto. Yrma no pesa más de 30kg. La vida se le escapa por su piel reseca y marrón, ¡increíblemente marrón!
Han venido de Italia las niñas para estar con su mamá, tienen 3 y 4 años.
El 31 de agosto Yrma se va al cielo.
¡¡¡¡Pero es que se ha llevado con ella la sangre de Luis!!!!
¿Qué no se dirían en ese año y medio que los separó? ¿A qué tanta prisa por volver a juntar sus vidas?
Lo que pasa que ahora la vida que se donan no se muere, no se marchita, no se pinta de marrón!!!! ¡¡Qué felices estarán los dos!!
 Yrma no ha consentido estar allí sin su fratellone querido, se ha llevado a su hermano donatore, porque lo llevaba dentro!!!! porque habían hecho un pacto de sangre, un pacto de amor.

Pero una vez más me voy a tener que enfadar pues me han vuelto a dejar en un segundo plano y se les  ha olvidado llevarme con ellos, otra vez me he quedado en la sala de espera, esperando.
 No me queda más remedio que rezar el rosario, prometo hacerlo bien esta vez y no olvidarme de ningun Ave María.



viernes, 13 de julio de 2012

Hoy es 13 y además es viernes.



Ha pasado medio año,
seis meses,
26 semanas,
183 días,
4.392 horas,
263.520 minutos,
15.811.200 segundos
sin ti.
¡Qué frialdad de cifras! pero es que mi corazón está tan herido, tan roto, tan dolido, tan desgarrado, tan solo, tan frío... que ya no sabe, ni puede, ni quiere decir nada.
Seis meses, no sé si es mucho o poco. A mí me parece que fue ayer, o más bien hace un rato, cuando me diste el último beso y me dijiste: hoy es viernes, hoy vuelvo pronto. ¿Por qué nadie nos dijo que era el último? ¿por qué nadie nos dijo que no volverías pronto? ¿por qué nadie nos dijo que no volverías?  
Hoy se me escapa el sol entre los dedos.
Hoy es viernes también y te echamos de menos. 






miércoles, 4 de julio de 2012

4-julio



Despierta mi amor, solo un momento, mira que hoy hace 21 años desde que nos casamos y el 21 es nuestro número. “La habitación dois vinte e um”, “el 21 rojo”, “la casa 21”...
Dicen que el peso del alma es de 21gr ¡qué cosas dicen!
Hace 21 años unimos nuestras almas en una sola alma, nuestros cuerpos en una sola carne y nuestro amor en un amor eterno. ¿Cuánto pesa eso?
A mí me pesa una barbaridad.
No duermas tanto que hoy es 4 de julio y tenemos que bailar.





sábado, 30 de junio de 2012

La utilidad de las servilletas



Hay servilletas que sirven para limpiarse la boca, otras, para limpiarse las manos, con algunas, alguna se limpia los ojos, con otras, otras se suenan, hay incluso servilletas que sirven de posavasos, también de posacubiertos, ¡hasta de posaestampas!. También hay servilletas que sirven para todo y pasan de la boca al ojo, del ojo a la nariz, de la nariz a los dedos y finalmente cumplen con su cometido de mantelito. Son servilletas que tienen tantos fines como imaginación tiene una pobre anciana.
¡Que nadie intente poner orden en las servilletas, ni aconsejar sobre su mejor uso!
Yo “soy malvada” y le pongo solo una, “no seas malvada y dame más servilletas”, dice como quien pide un tesoro; pero los nervios me traicionan, el sentido común me invade y refunfuño mientras me levanto a coger más servilletas.
¿Por qué necesitará tantas servilletas? El motivo es el mismo que hizo que el año pasado tuviera que comprarle un diccionario de inglés con toda urgencia. “¿Pero para qué quieres un diccionario de inglés?” dije asombrada. “Pues para qué lo voy a querer, para consultar las palabras que no sé” Claro, qué pregunta tan tonta la mía, cómo se me ocurre preguntar algo parecido.
¡Viva la utilidad de las servilletas y de los diccionarios de inglés, tan necesarios para una pobre anciana que sentada en su butaca mira con la mirada perdida el fuego de la chimenea!
Y “¿qué día es hoy?”, no, no, no, mejor dicho: “¿hoy es martes?” o “ayer fue lunes?” o “¿mañana es miércoles?” porque en cuestión de semanas todo gira alrededor del martes no se sabe porqué. Necesita saber el día de la semana para poder rezar el Rosario y al final del día podemos llegar a escuchar ¿hoy ha sido martes?, pues ella mata los días a eso de las ocho, más de quinientas veces. Los niños contestan con aburrimiento infinito: “síííiíííííí” o “nooooooo, hoy es jueeeeeeeves” otras quinientas veces.
Ella misma dice que es como si le pasaran una esponja mojada por la cabeza y le borraran cualquier información ¡qué pena! a lo mejor es una servilleta mojada.
Era niña de matrículas de honor, “la más lista de la clase” dice sin ninguna modestia porque era verdad. Fue licenciada en Ciencias Químicas cuando entonces la mayoría de las mujeres se contentaban con aprender a escribir a máquina. Su cabeza brillaba en inteligencia y su corazón en bondad. Tanta bondad que un buen día decidió ponerla en manos de Dios y la recluyó en un convento de clausura, la bondad digo. A través de aquellas rejas nuestras miradas de niños se impactaban cuando íbamos de visita y ella lloraba al ver a mamá tan nerviosa y tan triste.
Pero Dios tenía otros planes para ella y no quiso que su bondad se quedara encerrada tras el torno; la sacó de allí y le pidió que pusiera esa bondad al servicio de sus hermanos, sus hermanas y sus sobrinos. Y así lo hizo. Cuidó uno por uno a todos, sin quejarse, sin aspavientos, sin que se enterase su mano izquierda de lo que hacía  la derecha y lloró la muerte de cada uno hasta que se quedó sola.
Ahora está ella vieja, débil y tonta. En un escondrijo del cerebelo tiene el cloruro de sodio olvidado y en el otro escondrijo afloran servilletas inútiles ¿qué digo yo? ¡utilísimas!
Solo le pido a Dios que me dé la fuerza para poderla atender bien, como se merece, porque tanta servilleta desperdigada por la mesa de la cocina me anuda los nervios y me impide sonreírla. Solo le pido a Dios que me ayude a darle todas las servilletas que quiera.

martes, 26 de junio de 2012

silencio

Últimamente estoy seca. Los días resbalan por mi piel sin decir nada. Todo está callado y la vida no me habla. El silencio es ensordecedor, su ruido se cuela por todas las rendijas y su zumbido grita de dolor. Me pondré tapones, para solo oir el tom-tom de mi corazón, a ver si me lleva a mi destino sin equivocarse de ruta.

miércoles, 13 de junio de 2012

13 de junio de 2012



Nada, no tengo nada que decir. Vacío, soledad, nada.