lunes, 18 de enero de 2010

Pan y vino

Casi todos los días antes de comer, Cati se acerca a la cocina en busca de un aperitivo. Coge un vaso de vino y un trozo de pan y se sienta contentísima a tomárselo. Mientras, yo estoy terminando la comida y la pobre Cati me estorba contínuamente.
No habla, afanada como está en su pan y en su vino. Sigue con la cabeza todos mis movimientos, la veo hacerlo con el rabillo del ojo, si levanto el brazo para alcanzar el aceite, ella levanta la cabeza a la vez; si me agacho y cojo una cazuela, ella la baja también. Me recuerda a un perro al que le muestras una loncha de jamón y si luego la mueves hacia un lado y otro, él sigue el recorrido con suma atención. Cati hace lo mismo.
Al cabo de un ratito, cuando el vino empieza a hacer efecto, Cati irremediablemente, se duerme. La barbilla se apoya en el pecho, el pan se resbala de la mano, el tronco comienza a ladearse, ¡se va a caer! Misteriosamente no se cae, se inclina y se inclina hacia un lado pero nunca pasa de ahí; debe tener un ángel sujetándola.

martes, 12 de enero de 2010

Máxima

No para de sorprenderme Máxima; hoy he descubierto el motivo de unas manchitas amarillentas que aparecen en el lavabo de vez en cuando. Todas las mañanas, cuando se levanta, lleva su orinal al cuarto de baño y lo vacía en el retrete; después abre el grifo del lavabo y echa un poco de agua en el orinal, lo agita con la mano para limpiar bien las paredes del mismo y luego lo vuelca, plof, sin cuidado alguno de no salpicar, sin pararse a pensar en que el lavabo es pequeño y el orinal no cabe bien, ni tampoco en que ahí están los cepillos de dientes o el jabón de las manos.
Hoy he visto cómo lo hacía y no he podido decirle nada, o no he querido, ¡no puedo estar regañándola por todo!
Yo no sé si es culpa de la vejez, o de que nunca ha tenido que limpiar y no sabe, o si es que es simplemente poco limpia, o, tal vez, un poco de todo, pero cada día hace más porquerías y no puedo con ellas.

lunes, 4 de enero de 2010

domingo, 3 de enero de 2010

CATI

Cati tiene polvo en la mirada y sus ojos desvaídos se paran tontamente en cualquier parte; los abre con asombro y luego los deja caer sin más, probablemente no ha pensado en nada, mira y desvía la mirada por rutina, porque lleva haciéndolo ochenta años.
Se levanta tarde, Cati duerme mucho como todos los viejos, en parte por cansancio y en parte por aburrimiento. El día se lo pasa dando cabezadas; a veces tengo miedo de que se duerma de pie, como los caballos, si llegara a hacerlo se derrumbaría y caería al suelo hecha añicos. Ahora su cuerpo es muy frágil, sus piernas están tan delgadas que cuesta creer que la puedan sujetar y de hecho casi no lo hacen. Para andar se apoya en un bastón que la ayuda a mantener el equilibrio y a pesar de él, a veces se bambolea hacia los lados como si estuviera ebria.

Sta. María de Oia

La niebla se ahuecó en el corazón y humedeció todo a su paso.