domingo, 3 de enero de 2010

CATI

Cati tiene polvo en la mirada y sus ojos desvaídos se paran tontamente en cualquier parte; los abre con asombro y luego los deja caer sin más, probablemente no ha pensado en nada, mira y desvía la mirada por rutina, porque lleva haciéndolo ochenta años.
Se levanta tarde, Cati duerme mucho como todos los viejos, en parte por cansancio y en parte por aburrimiento. El día se lo pasa dando cabezadas; a veces tengo miedo de que se duerma de pie, como los caballos, si llegara a hacerlo se derrumbaría y caería al suelo hecha añicos. Ahora su cuerpo es muy frágil, sus piernas están tan delgadas que cuesta creer que la puedan sujetar y de hecho casi no lo hacen. Para andar se apoya en un bastón que la ayuda a mantener el equilibrio y a pesar de él, a veces se bambolea hacia los lados como si estuviera ebria.

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