Ya son más de la nueve y todavía no has llegado a casa. Luis está en fútbol, Gon en su cuarto, Ana ve la tele, Macarena trastea por la cocina y tía, ausente de nuestra desgracia, pregunta qué día es hoy, igual que ayer, igual que mañana... ya lo sabes. Los perros dormitan a mis pies. Todo está como siempre.
Hoy he ido al oftalmólogo con Gonzalo, toda la tarde en el Puerta de Hierro, como tantas otras veces, pero hoy no tengo a quién contarle que la miopía ha aumentado poco, que le van a poner lentillas porque ya es mayor o que en la sala de espera hacía demasiado calor. Ya nadie comparte conmigo las pequeñas cosas de cada día; las grandes tampoco.
Mañana se cumplen dos meses. No puedo explicar con palabras nada. La mente se me embota y el corazón lo siento como exprimido, amordazado, seco.
Todo está como siempre y sin embargo, nada está en su sitio.
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