Era un restaurante pequeño y acogedor, apenas seis u ocho mesas. Solíamos ir con mucha frecuencia porque se comía bien, era barato y el ambiente silencioso, unas cuantas parejas como nosotros, con música clásica suave de fondo, muy agradable y ¡encima italiano! lo que quiere decir: agua con gas, vino de Montalccino y pasta, mucha pasta. Los dueños, sobre todo ella, nos trataban más como a amigos que como a clientes. Estábamos empezando a ser parte de la decoración. En cuanto amanecía el viernes ya notaba el regustillo del placer, ¡hoy es viernes, hoy salimos a cenar, iremos al italiano seguramente! Cuando Luis volvía de la tienda no hacía falta organizar nada, estaba todo dicho, ¿nos vamos? nos vamos. En casa dejábamos la rutina de toda la semana quemándose en la chimenea, a tía ahí sentada mirándonos marchar,
-¿vais a salir?
-sí, nos vamos a tomar algo...
Y qué felicidad tan fácil, tan sencilla y tan buena. No necesitábamos nada más. Salir a cenar, dedicarnos un rato el uno al otro; hablar de nada y de todo y querernos una vez más. Recargar pilas para la semana siguiente. Era nuestro momento.
El viernes 13 de enero era un viernes como otro cualquiera, uno más, otra vez nos esperaba el restaurante italiano sobre las diez; pero esta vez nuestra mesa se quedó vacía.
¡Cuántas veces me he acordado de él! el agua con gas, el vino de Montalccino, la pasta... toda esa felicidad tan fácil, tan sencilla y tan buena se estaba ahora quemando en la chimenea viernes tras viernes, aplastada por cenizas de soledad y de abatimiento.
Ayer tuve que pasar por delante; no había vuelto desde diciembre. Las piernas me temblaban -¿cómo voy a poder resistir pasar por ahí? ¿estará la dueña? ¿qué le diré? ¿qué me dirá? No quiero pasar, .
En esas estaba cuando llegué a la puerta y cuál es mi sorpresa que veo que está en obras, un obrero encaramado en una escalera pica la pared; no hay mesas, no hay agua con gas, no hay nada dentro más que polvo.
¡Qué alivio!
Tampoco ellos, las mesas, la música, el vino, la pasta... han podido soportar su ausencia y no han tenido más remedio que cerrar.
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