Al
llegar la primavera, el campo se viste de rojo y me encanta. Me acuerdo
de mirar las amapolas desde pequeña, cuando volvíamos los domingos
por la carretera de La Coruña, donde ahora hay urbanizaciones
asépticas, entonces había campos de amapolas. Recuerdo especialmente las
laderas de la vía del tren a su paso por Las Matas. ¿Por qué a las
amapolas les gustarán tanto los trenes? Siempre están ahí para que el
viajero aburrido las vea desde la ventanilla y son un regalo para el
espíritu.
Desde hace un par de años, el día de mi cumpleaños le pedía a Dios me regalara una amapola, pero él no parecía prestarme atención. Abrías la puerta del jardín y el campo enrojecía, pero dentro... ni una. En fin ¡qué se le va a hacer! realmente Dios tendría otras cosas más importantes en las que pensar que en plantar una amapola en mi jardín.
Este año me olvidé de pedirlo, sin embargo, tengo en el cielo un poderoso intercesor que además conoce mis gustos a la perfección y que no se conforma con regalarme una amapola ¡sino muchas!
Las ha puesto allí al fondo para que las pueda ver desde la butaca.
¡Gracias mi amor, ha sido el mejor regalo de cumpleaños!
Desde hace un par de años, el día de mi cumpleaños le pedía a Dios me regalara una amapola, pero él no parecía prestarme atención. Abrías la puerta del jardín y el campo enrojecía, pero dentro... ni una. En fin ¡qué se le va a hacer! realmente Dios tendría otras cosas más importantes en las que pensar que en plantar una amapola en mi jardín.
Este año me olvidé de pedirlo, sin embargo, tengo en el cielo un poderoso intercesor que además conoce mis gustos a la perfección y que no se conforma con regalarme una amapola ¡sino muchas!
Las ha puesto allí al fondo para que las pueda ver desde la butaca.
¡Gracias mi amor, ha sido el mejor regalo de cumpleaños!

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